El otro día, en pleno directo, mi yo del pasado de acordó de mí de una forma que me sorprendió muchísimo. Abrí un libro que hacía tiempo que no tocaba, solo para ojearlo, y me encontré entre sus páginas algo que nunca hubiera esperado: un billete de 50 €.

Gracias, yo del pasado.

 

No recuerdo el momento en el que mi yo del pasado decidió dejarme esa sorpresa ahí. Y esto me lleva a pensar que tal vez haya más por ahí. Tal vez haya un libro olvidado en algún rincón que escondió para darme otra sorpresa. Tal vez una canción escondida en la lista de reproducción de mi móvil que era su canción favorita, aunque ahora he olvidado. O tal vez escribió algo en una nota que escondió en el fondo de un cajón con algo que consideraba que me tenía que recordar.

Es más. Tal vez esta entrada la esté escribiendo ese yo del pasado. Para leerla dentro de… no sé. ¿Cuánto tiempo llevaría ese billete dentro de ese libro? ¿Un año? Pues eso. ¿Qué le diría mi yo del pasado a mi yo del futuro? Pues que espero que hayas terminado de escribir ese libro. ¿Qué digo? ¡Un año! Espero que para entonces ya lo haya leído muchísima gente. Espero que sigas haciendo lo que te gusta, que no hayas perdido las ganas de grabar vídeos, de buscar entre lecturas tu nuevo libro favorito, de tener ganas de hacer cosas nuevas. Espero que hayas viajado, hayas dormido solo en un albergue y hayas conocido gente nueva. Tal vez (si todo va bien) ya hayas probado el sushi.

Espero que no sea tu comida favorita. El sushi, te lo aseguro, crea adicción.

Pero mejor dejar de pensar en el pasado y en el futuro y fijarme en lo que tengo ahora. Aunque me hayan quitado una hora de tiempo. Aunque haya empezado a quitarme ropa de abrigo. Espero que, al menos, no me quiten una cosa. Las ganas de bailar esta canción.

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